Hotel en el Paseo de la Victoria de Córdoba


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Hotel en el Paseo de la Victoria de Córdoba

Los estudios preparatorios para el proyecto del nuevo hotel que ha de construirse sobre el emplazamiento que ha venido ocupando el hotel Meliá incluyen la consideración con detenimiento de su entorno, por su especial contenido histórico y urbano.

Para este estudio en el área exterior de la vieja Puerta de Almodóvar se han seguido una serie de planos históricos, que detectan los niveles sucesivos de la ciudad desde la época del esplendor romano en el siglo II, que fueron elevando el paseo de Vallellano a su altura actual. Hoy en cambio nos parece más oportuno que la Puerta recupere su sentido como paso y nexo entre la vieja y la nueva Córdoba.

El nuevo edificio deberá mantener estrecha relación con la Puerta de Almodóvar y configurarse como un hito final del paseo de la Victoria.

Se propone como fondo y remate del paseo, en vez de un solo volumen pantalla, se plantea un doble edificio, como una nueva puerta al final del paseo, que da sentido a su recorrido y limita la gran extensión horizontal del paseo arbolado con un atrio libre y transparente cubierto con una celosía, que da paso a lo que será una nueva plaza delante de la vieja Puerta de Almodóvar.

Recuperando en un nivel deprimido desde la Avenida un espacio arqueológico que mostrará la huella de la ciudad romana, a una cota previsible de entre uno y dos metros bajo el paseo actual. A esta área se abriría el lobby bajo del edificio, destinado a actos públicos.

Esta pieza viene a integrarse en el paisaje de esta densa ciudad y a cualificar la relación de la Córdoba moderna con la antigua y monumental.

La condición vertical del edificio permite coronar su estructura con un mirador sobre Córdoba y el valle del Guadalquivir que hoy no es posible encontrar en un edificio abierto al público. El proyecto se propone hacer posible una mirada nueva sobre la ciudad.

El trazado geométrico de visuales desde la orilla izquierda del Guadalquivir y entre los tres puentes que cruzan el río frente a la Mezquita Catedral, construido a partir del dato de la altura acreditada del campanario y de las cotas del plano de la ciudad, indica que un edificio de la altura del campanario, 54 metros, situado en el extremo sur del paseo de la Victoria, no sería visible.

En el volumen más alto que corresponde al hotel se ha buscado una especial perspectiva de la ciudad, diferente cada vez. De arriba abajo, desde el mirador de cubierta al lobby de recepción, el volumen se proyecta como una pieza vertical de fachadas onduladas. Esta forma permite que la cualidad de modelado y textura hagan cambiar su aspecto con el punto de vista, y con la luz. Una fachada de grandes piezas de piedra arenisca de color ocre rojizo o dorado, cuyas luces y sombras produzcan ese efecto cambiante. Tales piezas deben además proteger el interior del excesivo sol de Córdoba y dotar a cada habitación de una vista distinta sobre la ciudad. La variación de las piezas responde a un modelo que se repite con alternancias que dan la impresión de una composición aleatoria. De este modo el plano ondulado de la fachada, con casi cincuenta metros de altura, se convierte en una poderosa imagen, con cierto parentesco formal con las torres del Islam andaluz, formas geométricas y con pocas referencias de escala que presentan grandes paños labrados de textura ocre y roja.

La relación del edificio con la ciudad se concreta en su cualidad de hito visual, desde el paseo de Vallellano y desde el parque de la Victoria, en cuyos extremos el edificio debe percibirse con cierta esbeltez y ofrecer una silueta singular. Por el modelado de la forma y por su textura material se  presenta con una superficie cambiante según el punto de vista y según la incidencia del sol a lo largo del día y de las estaciones, ya que se trata de una fachada continua, de grueso relieve de piedra de color ocre dorado y casi sin referencia de escala a pisos o ventanas, como un monolito profundamente labrado.

El cuerpo más bajo se destina a centro de negocios, como unas plantas diáfanas entre fachadas luminosas. Se trabaja por el contrario con un volumen recto y más transparente, que permanecerá entre los árboles del paseo, confundidos con su reflejo en su superficie lisa de vidrio de gran capacidad aislante. Este pabellón de vidrio debe reflejar, tras el dosel de árboles, la vista oblicua del paño de muralla que contiene a la Puerta de Almodóvar.

Entre ellos, configurando una gran pórtico, una gran cuba de cuatro plantas de altura, un espacio libre previsto como una estructura de celosía de madera que, como un umbráculo, protege las entradas y permite la permeabilidad visual hacia el río. Luces y sombras, reflejos y transparencias lo convierten en un lugar privilegiado.



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