Empordà Golf H&R


2000-2009 | España | Hoteles

Empordà Golf H&R

El paisaje en esta zona de la provincia de Girona, ofrece un gran campo visual, con amplitud de perspectivas como son la presencia del rio Ter y en especial el macizo del Montgrí, que se convierte en la referencia paisajística de esta zona del bajo Empordà.

El Hotel se sitúa junto al complejo residencial en el centro de los terrenos del Club de Golf, junto a los hoyos más espectaculares del recorrido, ofreciendo su potente silueta como rótula visual del conjunto arquitectónico.

El vial de acceso que serpentea entre los diferentes hoyos del campo de golf, conduce a los usuarios del hotel hasta una gran plaza o explanada, bajo la que quedan ocultos los aparcamientos y que permite su utilización como plataforma en la que acoger los diferentes eventos deportivos y de torneos de golf.

Se plantea un edificio compacto de planta baja mas dos, en su parte posterior, costado norte, junto a la plaza de acceso, ofreciendo una planta más en su fachada sur debido al desnivel del terreno. Esta planta alberga los salones, el bar, los comedores y las salas multiuso, asistidos por las dependencias de servicio que se sitúan en la parte posterior de esta planta deprimida, iluminadas y ventiladas por un patio inglés que permite el acceso de logística a cocinas y almacenes, facilitando también la comunicación directa al hotel desde el aparcamiento, situado bajo la plaza.

Las plantas superiores se organizan en cruz, con habitaciones de diferentes tipologías y tamaños, abiertas a las cuatro orientaciones, ya que todas ellas disfrutan de espléndidas vistas al paisaje circundante, montañas del Montgrí, playa de Pals, visuales mas cercanas del propio campo de golf y otras mas lejanas del paisaje del Empordà.

La planta de habitaciones, de gran compacidad permite la optimización de las zonas comunes, una buena disposición de los recorridos de evacuación, circulación principal y de servicio, permitiendo el paso de los corredores o pasillos hacia la luz y la vista exterior, llegando a configurar unas grietas que pautan las fachadas norte y sur.

El conjunto de habitaciones- 87, de las que 7 son suites- quedan así organizadas de forma legible, permitiendo minimizar los efectos de una gran edificabilidad (6.000 m2 sobre rasante).

La cubierta del edificio alberga una gran bañera de instalaciones y placas solares para la instalación de agua caliente sanitaria.

El revestimiento de las fachadas es de tablas de madera de Ipe, tratada al autoclave, proporcionando diferentes texturas en los planos macizos, laterales de la habitaciones, construidos con tableros marinos de madera y que se presenta como una gran retícula de espacios intermedios, que actúa de filtro entre la habitación y el paisaje.

El cuerpo de poniente conforma una gran marquesina sobre el acceso y soportado por un conjunto de pilares, ofrece un contraste en claroscuro y una transparencia sobre el espacio abierto, aligerando la gran masa del edificio, en contraste con la solidez y potencia de su implantación sobre la topografía.

El interiorismo acentúa la calidez espacial de un hotel en contacto con la naturaleza y las condiciones de confort, que se ponen de manifiesto en las texturas, mobiliario y la configuración de los pasillos y habitaciones.

Un baldaquín de revestimiento de madera lacada de diferentes colores, estructura la habitación, y facilita la disposición de paños de pared límpidos en conexión visual con la terraza, que de esta manera forma parte del mismo espacio de la habitación.



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