5 Islas en el Frente Marítimo de Poblenou


2000-2009 | Barcelona, España | Urbanismo

5 Islas en el Frente Marítimo de Poblenou

Fachada al Mar de Barcelona. Este plan no sólo contemplaba las operaciones de infraestructura sino la posibilidad de construir viviendas y algunos servicios derribando una vasta área de viejas fábricas. La operación edificatoria más importante fue, sin duda, la villa olímpica, que vino a restablecer una cierta continuidad urbana entre la ciudad y el barrio del Poble Nou, recuperando el hilo histórico interrumpido cuando Barcelona decidió abandonar el mar y crecer en perpendicular hacia el interior. En paralelo, el plan  acogió una promoción privada de viviendas, en las tres manzanas ocupadas por la industria Torras Herrerías y Construcciones, con una doble finalidad. Por un lado, dos de las tres manzanas debían alojar a los árbitros olímpicos durante los juegos: por otro, dada la vecindad con el área de la villa olímpica, esta operación debía ser una de las que propiciaran el proceso de reconversión urbana del resto del Poble Nou. El arquitecto Carlos Ferrater, con  su equipo de colaboradores, obtuvo el encargo tras la resolución de un concurso restringido entre varios arquitectos. Su proyecto entró en el proceso general de realizaciones que debían estar listas para el 92 y supuso la ocasión excepcional de reconstruir en una sola operación tres manzanas del Ensanche Cerdà antes ocupadas, exclusivamente, por edificios fabriles. El área de las tres manzanas, alineadas entre sí y en paralelo con la línea de costa, está delimitada por las calles Llull y Ramón Turró y, en sentido mar-montaña, por las de Zamora y Ávila, conjunto al que sus promotores bautizaron con el nombre de Eixample Marítim, aludiendo a las trazas persistentes de la urbanización de Cerdà y a su proximidad al mar. Tan sólo la adyacente a la calle Zamora no pudo reconstruirse en su totalidad debido a la presencia de edificios industriales de otros propietarios. La popular Can Torras dels Ferros, como ya hemos visto, fue una de las más importantes industrias metalúrgicas de Barcelona. El proceso industrial se componía de fundición, laminado y construcción de estructuras para la edificación, calderas, material ferroviario, etc.  Un ferrocarril propio, de vía estrecha, unía estos procesos atravesando las calles, y otro de ancho normal conectaba la fábrica con la línea de Francia por Granollers.

El conjunto del proyecto realizado consta de 560 viviendas de varios tamaños y tipos, locales comerciales en planta baja, algunas oficinas y un centro comercial. Las tres manzanas poseen un tratamiento arquitectónico uniforme y están vinculadas por un paseo arbolado que atraviesa sus jardines interiores, aproximadamente por donde, antiguamente, lo hacían las vías del tren. En el jardín de una de las tres manzanas se ha incluido además una piscina. Las manzanas están construidas en su perímetro pero la barra edificada se interrumpe por el paseo mencionado y por un unos pasajes o andronas, situados frente a los pasos de peatones de la calle Ramón Turró, que separan los chaflanes y los configuran como edificios aparentemente más altos.  Las plantas bajas son  transparentes de modo que desde la calle se puede ver la vegetación  interior y además permiten penetrar al interior de las manzanas por diversos puntos.  En conjunto podríamos decir que constituye el ejemplo más aproximado, construido hasta la fecha, de lo que Cerdà propuso como alternativa a aquella asfixiada Barcelona industrial intramuros.

 Es posible que, cuando se impriman estas líneas, aún sea posible contemplar  la exposición que sobre el insigne urbanista se celebra en los edificios de los cuarteles que la universidad Pompeu Fabra piensa ocupar. El ciudadano barcelonés tiene aquí, al alcance de su mano, una ocasión de oro para deshacer algunos equívocos y aumentar su capacidad de juicio crítico sobre la ciudad, es decir, su cultura civil. Antes hemos esbozado la vocación dual que mostró Barcelona para desarrollarse en su llano, representada esquemáticamente por dos direcciones perpendiculares.

En un primer momento, construyendo su fachada neoclásica al mar, desde Montjuich al parque de la Ciudadela y al Cementiri Vell, un desarrollo frustrado que podría haber tomado el eje de la Gran Vía como columna vertebral de un crecimiento paralelo a la línea de costa. Según el esquema de Cerdà; y como otra tendencia, en un segundo y correlativo acto, creciendo efectivamente sobre la perpendicular al mar y produciendo una ciudad cuya fachada quedó invaginada, identificándose con las propias fachadas del Paseo de Gracia. Podríamos hacer un sencillo ejercicio crítico y comparar la manzana característica que construyó el tejido del Ensanche burgués y luego sus extensiones laterales, con la que un siglo después ha podido construirse sobre la misma traza urbanística pero en aquel territorio de marismas que fue destinado a recibir el cementerio, el ferrocarril, las fábricas y el proletariado industrial. Resumiendo muchísimo podríamos afirmar que la historia de la construcción del Ensanche coincide con el proceso de densificación de las manzanas hasta el punto de no dejar rastro de ningún espacio en su interior que pudiera considerarse libre o con  algún significado civil. La manzana típica tiene 113 metros de lado, con chaflanes de 20 metros, que es la anchura también de las calles corrientes. En el Ensanche construido las casas de vecinos alcanzan una profundidad media de 28 metros, de modo que, restada la corona, quedan patios de unos 57 metros de lado, por tanto, con una superficie de 3 249 m2. Pero casi todos estos patios están además edificados en planta baja, y su suelo lo constituyen los techos de almacenes, garajes o talleres, de modo que la poca tierra que pueda haber debe buscarse en las macetas.

Desde el aire, una manzana parece un patchwork, una pieza hecha de los remiendos de las parcelas construidas; infrecuente es ver un árbol y en los mejores casos el patio interior conserva alguna regularidad. La manzana es, pues, un sólido y macizo prisma, intransitivo respecto a la calle, fruto de una consideración de la ciudad como pura mercancía, de una actitud mezquina y usurera que, hipócritamente, ha querido redimirse con la coartada que podía prestarle la belleza de unas cuantas obras, en particular la de los arquitectos modernistas. Magnífico sarcasmo si consideramos la incomodidad que a estos arquitectos producía el ver sus edificios reducidos a simples fachadas decorativas y si recordamos, además,  que Gaudí, uno de  los más alabados, acabó pidiendo limosna por las calles. Sin embargo, creemos que, a pesar de esta congestión y de esta alienación, el Ensanche no ha perdido sus cualidades potenciales. La usura de muchos no ha podido con la generosidad de unos pocos (de un Cerdà, de un Gaudí…).

 Comparemos aquellos datos con los del proyecto que comentamos. Aquí la profundidad edificada es de 12,70 metros, de  modo que las viviendas tienen dos fachadas y ningún patinejo interior. El patio interior de la manzana tiene, entonces, 87 metros de lado y 7 569 m2 de superficie y está ajardinado. El centro comercial, de dos plantas, es el único edificio construido en el interior de una de las manzanas. El área libre tiene, pues, más del doble de superficie que la de la manzana del ensanche histórico, y el patio es, además, completamente regular. Las calles que quedan entre manzanas conservan la sección basilical de tres naves, con aceras de 5 metros, ampliadas por un porche de 3 metros y están  relacionadas visual y peatonalmente con los jardines interiores. Las distancias de cada vivienda a los vecinos de enfrente son del orden de 80 metros en los jardines y de 20 metros en las calles y desde el interior de las viviendas se contemplan los árboles de ambos espacios.

Podríamos completar estos datos cuantitativos con una breve descripción subjetiva desde la perspectiva que otorga el ser habitante de este lugar. Existe una apacible pero dinámica relación vecinal. Aún no es completo el equipamiento comercial pero existen ya las tiendas más esenciales. Una amplia área de cielo se domina, se percibe el brillo del amanecer y la caída del sol y el transcurrir del día viene pautado por la presencia de los pájaros y las voces de los niños. La sucesión de las estaciones se hace sensible a través de la vegetación. En verano el canto del grillo acompaña y no desvela. El jardín crea un microclima efectivo y una fauna constituida por gaviotas, mirlos, murciélagos, gorriones y lavanderas nos visitan habitualmente. En ciertos períodos el silencio se convierte en delicia y la relación con el patio de los pequeños dormitorios reproduce la que se da entre la celda y el claustro del monasterio. Animada, entre otras cosas, por la calidad protectora  y ecológica del jardín, está teniendo lugar una verdadera explosión demográfica, lo que viene a  dar una pista, en clave urbanística, sobre el ecosistema que necesita la ciudadanía  para repoblar Cataluña. El Honorable y otras autoridades podrían tomar buena nota… y algo más.

 Aun  reconociendo que incurrimos en una cierta idealización, por contraste con una Barcelona densamente apretujada por su propia edificación, este ejemplo demuestra que es posible un modelo equilibrado de urbanización, compatible con un beneficio inmobiliario razonable y sin necesidad de hacer grandes inventos. Así que no nos parecería nada mal un Poble Nou reconstruido según esta pauta, allí donde la huella de Cerdà persiste; un Poble Nou monótono donde la monotonía consistiera en la repetición democrática del bienestar de cada individuo, familia o grupo social; en la recreación de una armonía entre lo edificado y lo libre, entre la esfera privada y la pública, entre la estancia y el movimiento…, aquella armonía que, para la ciudad industrial, Cerdà soñó como posible.

 

 

Exposiciones

2010

  • ‘CONSTRUINT LA CIUTAT’. La Millor Arquitectura Europea. Col.lecció de la Fundació Mies Van der Rohe. En el Roca Barcelona Gallery.


Dirección:

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