Casino Andorra


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La volumetría:

La estrategia volumétrica del proyecto constituye una especie de “deshojado” que libera espacio en la planta baja pero que en las plantas superiores se ensancha progresivamente para encontrarse con la medianera y así rematar el continuo alineamiento de fachada en la calle.

Los pliegues del edificio en planta baja permiten otorgar una cierta monumentalidad al acceso tanto por la Avenida Meritxell como por el acceso Sur. Al acceso principal de Av. Meritxell se propone un espacio de «desencoche» que aporta un carácter ritual al edificio, imprescindible para este tipo de usos.

Este punto es el principal acceso público al edificio. Un punto neurálgico entre la avenida y el pasaje que genera de manera natural una especie de «parvis» (espacio intermedio), aquellos espacios públicos que, a diferencia de las plazas, se entienden como una verdadera continuidad de los edificios (porches, galerías, etc.).

El proyecto otorga un carácter muy importante en la fachada Sur. Lejos de entenderla como una ‘trasera’, se produce un «achaflamiento» para orientar la mirada hacia las mejores vistas y la luz que el tiempo crea una respuesta a los accesos desde el aparcamiento. El gesto que hace el edificio tiene una repercusión en la organización interna del mismo, huyendo de las arquitecturas meramente formales. Se crea una terraza a nivel de la sala multifuncional y un espacio exterior en el nivel del «sky bar», espacios de gran calidad para la ciudad y ambos orientados hacia el soleamiento y las mejores vistas. Así se obtiene un espectacular balcón urbano, un espacio mirador de la ciudad y del valle.

 

La fachada:

Hemos mencionado la voluntad del proyecto de otorgar un cierto carácter ritual e institucional al edificio. La apuesta queda muy lejos de aquellas arquitecturas de neón que no tienen para nada en cuenta la ciudad y que manifiestan una cierta estética donde el lujo a veces se confunde con el mal gusto. El lujo es la luz, el espacio y la percepción de la elegancia estilizada.

Así pues, y desde la contemporaneidad, se ha concebido una fachada sutil, sugerente más que obvia, pero a la vez icónica y ciertamente innovadora.

No es fácil transmitir la idea de una arquitectura icónica sin caer en el error de la tan desgraciada «arquitectura espectáculo» de los últimos años, y que rápidamente puede pasar de moda y convertirse en banal.

Es por este motivo que el edificio debe ser dotado de un aspecto atemporal, que huye de las modas y por tanto soporta el paso del tiempo. Se pretende dignificar el juego mediante una imagen tranquila, sobria y urbana durante el día, sorprendente y mágica durante la noche. El edificio se expresa así de dos formas muy diferenciadas, durante el día no se atreve a ser el protagonista sino más bien pretende convivir en armonía con el entorno. Mientras que, por la noche, se auto-ilumina para mostrarse en su totalidad, pero sin contaminar el entorno.

La abstracción, el movimiento y una cierta suavidad en los gestos de su forma, construyen una propuesta respetuosa con su entorno y que nos recuerda también a la abstracción de las rocas y de la montaña que, omnipresentes, ilustran la visión cercana y lejana del solar. Se trata pues de una arquitectura sin aristas, fluida y que se integra en la ciudad anunciando un nuevo equipamiento y al tiempo, un umbral urbano de primera magnitud.

Se introduce también un nuevo concepto para con la percepción del mundo del juego. Hasta ahora los casinos y salas de juegos, han sido espacios ocultos, escondidos y sin luz natural.

Aquí se plantea un cambio radical que permite dignificar y mejorar la cultura del juego. Las zonas habilitadas de mesas de juego y máquinas tragaperras disfrutarán por primera vez de luz natural. Creemos que esta solución introducida gracias a la fachada, aporta un paso importante en la evolución del mundo del juego. Sería obviamente una fachada translúcida para introducir la luz, pero suficiente misteriosa como para ser compatible con la intimidad necesaria del juego. Por lo tanto, nos situamos en un punto intermedio, entre la necesaria intimidad y privacidad del jugador y la saludable luz natural.

Dentro de esta visión abstracta del juego, el edificio mantiene, pero un carácter expresivo, transmitiendo esta idea de juego a través de una fachada sofisticada, construida a base de multitud de piezas redondas, como sutil metáfora de las fichas del casino. La fachada deberá convertirse en un modelo gracias a su fácil y rápida ejecución, sus materiales ligeros y aislantes acústicos, materiales de última generación y ultra-eficientes energéticamente que a la vez permitan la magia de una fachada auto-iluminada mediante leds de bajo consumo. Por todo ello habrá de convertirse en una fachada innovadora, que respira e intercambia energía y que expresa una nueva dimensión y unos nuevos valores para con el mundo del juego.



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